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TDAH inatento: Un caso con síntomas depresivos

Aunque el tipo de TDAH más frecuente y conocido es el combinado (definido por síntoma de hiperactividad, impulsividad y déficit de atención), no hay que olvidar el TDAH de predominio inatento, en el que los síntomas de hiperactividad o impulsividad se presentan en menor frecuencia o con una intensidad más leve (que no ocasiona los problemas de comportamiento que se observan en el TDAH combinado). Se presenta indistintamente en niños y niñas, aunque es más frecuente entre ellas. En muchas ocasiones se trata de chicas que pasan inadvertidas y llegan a la consulta del especialista con síntomas depresivos o ánimo bajo, ansiedad y baja autoestima. Suelen ser muy responsables, dedican mucho tiempo al estudio, aunque su rendimiento en la evaluación es inferior al esperado, o desproporcionado en relación con su dedicación y esfuerzo. A veces tienen muy buena capacidad, pero creen que son incapaces o “tontas”, y se enfrentan a continuas frustraciones. Conviene tener en cuenta que los síntomas depresivos en el niño y el adolescente son distintos de los del adulto. La diferencia fundamental radica en que el niño se mostrará, sobre todo, más irascible, mientras que el adulto tenderá a sentirse triste y decaído.
TDAH de predominio inatento con síntomas depresivos. Pablo, 7 años
Pablo tiene 7 años y está en 2º de Primaria. No comparte todas las asignaturas con sus compañeros porque recibe clases de apoyo. En el recreo, si no está solo, únicamente habla con las niñas. Está más cómodo con ellas porque los niños a veces le insultan, le llaman “tonto” y no le escogen para jugar. Pablo sabe que no es hábil jugando al fútbol, igual que tampoco lo es leyendo. Le costó empezar a leer, y en el colegio dijeron a sus padres que tenía dislexia, así que empezó a ir a consulta con una psicóloga.
• Es un niño muy tímido y responsable, le preocupa no hacer bien las tareas en casa, y normalmente necesita ayuda para realizarlas porque, cuando se pone a ello, es como si no hubiera estado en clase o no se hubiera enterado de nada. Por eso necesita que le vuelvan a explicar todo de nuevo, y aun así, parece que no escucha. Se le olvida lo que acaba de aprender y comete errores por descuido. Su escritura no es buena, pero se esfuerza en la presentación de sus cuadernos y cuida su material.
• Es un niño cumplidor y temeroso, revisa las cosas antes de salir y es raro que las pierda. En casa, a pesar de su buena disposición y actitud (como en clase), le cuesta seguir órdenes, hay que llamarle varias veces para que acuda o conteste, sobre todo cuando está en sus cosas, jugando o viendo la televisión. Cuando lo hace, al principio atiende a la instrucción, pero luego no lo hace, porque se le olvida o se distrae. • En la consulta, con actitud temerosa, voz baja y ojos vidriosos, Pablo dice que es “tonto”, que los niños también se lo dicen y no le dejan jugar con ellos. Mira frecuentemente por la ventana, distraído, y entre sus principales deseos está “sacar buenas notas”. Su madre le ve más triste y cree que disfruta menos de las cosas.
Pablo fue valorado en una unidad de psiquiatría infantil, y en la evaluación psicopedagógica se determinó que su capacidad intelectual global era media-alta, a pesar de su situación en el momento de la evaluación, durante la que se mostró inseguro y con baja autoestima.
• Le diagnosticaron TDAH de predominio inatento con síntomas depresivos asociados, y se le pautó un tratamiento con metilfenidato, además de seguir con la terapia psicopedagógica que ya venía realizando. • Pocos meses después dejó de necesitar ayuda para hacer los deberes, pudo dejar las clases de apoyo, estaba más integrado con los niños de clase e incluso se mostraba más competitivo. En la última consulta, Pablo reconoció que había visto que no es tonto, miraba de frente y sonreía con la felicidad anhelada en un niño de siete años.

Fuente:
http://www.unav.es/