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TDA-H: lucha o fracaso

 

tdah fracasoSi no se trata correctamente, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad puede llevar a quienes lo padecen hacia una «escalera al precipicio»

Detrás de numerosos fracasos escolares está el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDA-H), una alteración neurobiológica que ha sido puesta en tela de juicio pero que científicamente está más que demostrada y cuyas consecuencias a largo plazo pueden ser nefastas si no se trata correctamente. Es un problema orgánico comparable, dice el presidente de la Asociación TDA-H Palencia, José Antonio Hoyos, a una deficiencia en un oído o en la vista, que provoca que quienes lo padecen procesen la información de forma más lenta.

Hoyos advierte de que cuando los chavales con TDA-H llegan a los 16 ó 17 años sin haber sido tratados lo habitual es que acaben en fracaso escolar, «que desemboca a su vez en un fracaso personal que puede llevar a abusos de determinadas sustancias y después a adicciones. Es una escalera al precipicio...». Un reciente estudio entre la población reclusa reveló que el 35 por ciento de los internos con adicciones padecía TDA-H.

Revisar la agenda escolar, que los deberes estén hechos, los trabajos acabados a tiempo y los exámenes debidamente anotados; hablar con profesores y orientadores; programar y encajar las clases particulares y vigilar las horas de estudio. Son algunas de las tareas a las que se enfrenta Enma casi cada día. Los datos apuntan a que en Castilla y León el 6,6 por ciento de la población escolar sufre trastorno por déficit de atención e hiperactividad, pero la realidad no sabe de estadística y los tres hijos que tiene Enma sufren alguna variante de esta alternación neurobiológica.

Un TDA-H de libro. Raúl, de 16 años, es, dice su madre, un TDA-H «de libro» con todos los síntomas típicos. «Nos dimos cuenta muy pronto. Cuando tenía tres años ya veíamos que le pasaba algo: se caía constantemente, no se estaba quieto, no se concentraba en nada, no quería estar con los demás niños, enseguida vinieron las llamadas de atención del colegio. A los seis años le diagnosticaron déficit de atención e hiperactividad». Pese a su trastorno, Raúl consigue tener una vida totalmente normal y sacar adelante sus estudios. Está en cuarto de la ESO, va a clases particulares de apoyo y consigue relacionarse perfectamente con los chavales de su edad.

Raúl se queja -«es mi opinión», aclarza- de que no recibe el suficiente apoyo en el instituto. «Hay muchos profesores que no saben lo que es el TDA-H y te llaman bobo, inútil o vago y eso afecta a mi autoestima. Me acabo cabreando y ya no consigo prestar atención...». Esa es una de las tareas más complicadas a las que se enfrenta Enma: conseguir que el profesorado entienda que lo que sufre su hijo es un problema orgánico y que necesita determinadas medidas como exámenes adaptados o más tiempo para llevar a cabo las tareas. Para tratar este trastorno es fundamental la medicación. «Cuando no la tomo me noto más despistados, como si estuviera en mi mundo y tengo cambios de carácter más rápidos y bruscos», confiesa Rául.

Un inAtento. El hijo mayor de Enma, Daniel, que está a punto de cumplir los 18, es lo que se llama un inatento, la variante más complicada de detectar del TDA-H porque no está acompañada de hiperactividad. De hecho, Enma relata que teniendo en casa la experiencia de Raúl no se dieron cuenta hasta que un día después de repetir Tercero de la ESO, Daniel, que había ganado varios premios literarios años antes, se plantó y dijo que no podía más, que le resultaba imposible seguir con sus estudios.

«Para mi era lo normal, estaba en clase y dejaba de escuchar; me sentaba delante de los libros a estudiar y después de horas y horas apenas había avanzado, hasta que vi que era imposible». El diagnóstico vino relativamente rápido. Tras empezar con la medicación consiguió aprobar todas las asignaturas de Tercero y ahora cursa Segundo de Bachillerato, dice orgulloso, «por Ciencias».

Además de Raúl y Daniel, María, de 15 años, la otra hija de Enma, también padece una variante del TDA-H. Enma asegura que su día a día con sus tres hijos «es una lucha continua». Hay que estar constantemente encima de ellos, supervisando cada detalle, pero no sólo con los chavales; conseguir que se reconozca su trastorno en el instituto y se adopten las medidas necesarias supone también una batalla cada curso y un reto ante cada profesor.

El protocolo que se aplica en los centros educativos de la Comunidad cuando se detectan condiciones diferentes en los alumnos es, según explica el director provincial de Educación de Palencia, Sabino Herrero, la elaboración de un informe por parte del equipo psicopedagógico del centro que a veces se complementa con otro médico. Lo habitual, señala, es que una vez detectado el problema el alumno comience el tratamiento farmacológico que le permite integrarse perfectamente en el aula sin que haya que tomar ninguna medida adicional.

Según el presidente de la Asociación TDA-H Palencia es fundamental un diagnóstico temprano para poder abordar el trastorno cuanto antes. Los síntomas cuando existe hiperactividad son bastante evidentes: falta de atención, impulsividad que puede llegar a agresividad...pero se complica cuando sólo hay inatención. Llegar a un diagnóstico puede llevar dos o tres años y supone el reconocimiento de psicólogos y psiquiatras del trastorno. El tratamiento debe abordar, explica Hoyos, cuatro aspectos; el farmacológico y psicológico, así como la implicación de la familia y el apoyo del sistema educativo. Si se abordan de forma correcta, los niños y adolescentes con este déficit pueden concluir con éxito sus estudios y llevar a cabo una vida totalmente normal. Los problemas surgen cuando no se detectan. De hecho, el 70 por ciento de quienes lo padecen llega a la edad adulta sin haber sido tratado.

más de 20 años con psico-fármacos. María Miguel, de 50 años, llevaba más de 20 con psico-fármacos. Tomaba al día entre seis y siete pastillas para tratar sin éxito lo que ella llama crisis emocionales muy potentes que incluían frecuentes depresiones. Su estado emocional era como una montaña rusa, una olla a presión en constante ebullición y con un carácter marcado por una gran impulsividad y explosiones de ira. Con 45 años, un psicólogo privado le diagnosticó TDA-H, sustituyó su media docena de pastillas por una y ahora, afirma, vive una vida nueva. Una vida en la que todavía está aprendiendo a adquirir destrezas sociales a través de una terapia cognitivo-conductual «que me ayudan a funcionar».

«Ahora siento que puedo hacer algo con la inteligencia y la voluntad, antes siempre iba por delante la voluntad, los impulsos», afirma. María, en colaboración con la Asociación TDA-H Palencia, está luchando por que el Servicio Público de Salud reconozca su trastorno. «En el protocolo del Sacyl cuando tienes 18 años se te acabó la hiperactividad» porque se considera una dolencia que afecta sólo a la infancia y a la adolescencia. Denuncia que ha encontrado rechazo e incomprensión por parte de los profesionales del sistema público, aunque no tira la toalla y se mantiene en su empeño por conseguir el reconocimiento de su trastorno.

Miguel Ángel, de 42 años, es otro caso de diagnóstico adulto, pero en su caso la pista se la dio su hijo, un TDH-A típico. Y es que el déficit de atención e hiperactividad es un trastorno, en la mayoría de los casos, genético.

«Mi mujer me decía que yo era igual que el niño y me convenció para que hiciera las pruebas. Fue un alivio saberlo, antes hacía las cosas sin control, iba a saco; ahora me estoy conociendo a mi mismo poco a poco... », explica. Relata que de niño le costaba mucho estudiar, que le decían que era un vago, hasta el punto de que dejó los estudios. Gracias a estrategias y trucos que él mismo se iba creando «conseguí salir adelante sin destacar demasiado». Ahora tiene un negocio y forma parte de la Asociación de TDHA-Palencia, en la que participa activamente . «Me veo reflejado en mi hijo y no quiero que tenga las mismas carencias y pase las mismas dificultades que tuve que sufrir yo».

 

Fuente:

http://www.diariopalentino.es/

Características por etapas educativas en niños con Trastorno por Déficit de Atención

 

Manuel Rodríguez G.

fracasoEl siguiente artículo recogido de la página web del Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado nos habla de las peculiaridades y problemáticas en las diversas etapas educativas del alumnado con TDA/H.

Dada mi experiencia y teniendo en cuenta las sufridas por un excesivo número de familias, sólo me cabe decir que sería muy adecuado que las autoridades educativas de este país hicieran un sistemático, control, seguimiento e incluso examen de conocimientos teóricos y prácticos a todos y cada uno de los que se dedican a vivir de la enseñanza – que no a enseñar –.

Parece kafkiano y esperpéntico comprobar cómo la tesis queda plasmada en documentos como el que sigue, disfrazada, pero muy lejos de la praxis diaria en una inmensa mayoría de colegios, donde el alumnado con  necesidades educativas específicas es ninguneado, marginado y olvidado por quienes se denominan conductores de este nuestro “sacrosanto” sistema educativo. Olvidado y excluido conscientemente, no sólo por la supuesta falta de medios materiales, sino por una cínica ignorancia voluntaria ante estos temas de quienes se dedican a este menester, pues la formación del profesorado es muy escasa y parece ser, poco motivadora; tanto que si es preciso el profesorado y direcciones de centros, apoyados por las propias inspecciones falsearan realidades si cabe y afirmarán que estos alumnos discriminados son atendidos eficazmente, con todos los mecanismos para su supuesta inclusión y aprendizaje efectivos. Mientras tanto el abrumador fracaso escolar y desidia social y escolar hará mellas en afectados y familiares, comprobando que las instituciones educativas en este caso, ni cumplen ni atienden las necesidades de este alumnado que irremediablemente, en demasiados casos se verá empujados al fracaso escolar para convertirse en el día de mañana en candidatos a parias sociales, debido a la desidia sistemática de violaciones de derechos fundamentales no verificados: Principio de igualdad, discriminación positiva, normalización, inclusión efectiva, amoldamiento del sistema educativo a las características del alumno y no al revés, cual si esas peculiaridades pudiesen ser aparcadas fuera del aula para luego ser recogidas, cual vulgar paraguas.

Malos tiempos para la enseñanza. Tormentoso  presente de una nefasta política  de parcheo y desvinculación hacia alumnos desfavorecidos sin una apuesta de inversión a medio plazo, que fiscalizará la vida de muchos infantes en un futuro inmediato y cuya factura social e incluso económica quedará secuelas en esta injusta sociedad. Así nos va Triste 

El aprendizaje en la infancia y en la adolescencia, claves para evitar el fracaso escolar

 

TDAHtvTDAHtv

Òscar Gómez Domínguez entrevista a la Dra. Anna Sanz, neuropediatra del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, sobre la temática "El aprendizaje en la infancia y en la adolescencia, claves para evitar el fracaso escolar".
Con la colaboración de Anna López Campoy (Presidenta de TDAHVallès).
Programa emitido el 29 de mayo de 2013 por el canal de internet televisión de la asociación TDAH Vallès (Padres y madres de niños afectados con Trastorno por Déficit de Atención con y sin Hiperactividad).

Fuente:

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=M9ZZQz3wYuE

 

El 70% de los déficit de atención acaba en fracaso escolar si no reciben tratamiento

 

El 70% de los déficit de atención acaba en fracaso escolar si no reciben tratamientoEl director pedagógico del Centro de Atención a la Diversidad Educativa, José Ramón Gamo, promueve el modelo de la escuela ecotecnológica

C. B. E.

El TDA con y sin hiperactividad no es un trastorno de conducta, sino un fallo en las ejecuciones cerebrales

El conocimiento del cerebro es la mejor ayuda a la hora de tratar de comprender las dificultades de aprendizaje que arrastran los niños que sufren trastornos por déficit de atención, haya o no hiperactividad. Es ese estudio más psiconeurológico el que permite establecer nuevas estrategias para facilitar y estimular la formación que reciben estos alumnos y minimizar los riesgos de complicaciones en edades más avanzadas.

LaFundación Educación Activa y el Centro de Atención a la Diversidad Educativa (CADE) han organziado en la tarde de esta martes una sesión informativa para desmontar la mitología que rodea al Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad. Con esta intención articuló su intervención el director pedagógico José Ramón Gamo, quien también desveló algunos mecanismos e iniciativas que deben de aplicarse en estos casos, tanto en casa como en las aulas. «Aunque la mayoría de la gente oye hablar del problema, en el fondo lo desconoce». Esta apreciación entronca con la definición que esboza de la patología: «no es un problema de trastornos de conducta, sino un fallo en las funciones ejecutivas del cerebro», quiere aclarar el especialista.

En contra de lo que se piensa, los niños que padecen esta problemática «no tienen dificultades para atender sino para concentrarse». Por lo tanto, el especialista aboga por saber identificar la sintomatología para poder actuar de la forma adecuada.

En los casos de TDA con y sin hiperactividad se da un paradigma. Por un lado, está el riesgo de caer en el supradiagnóstico a raíz de la evaluación clínica. Ese examen no es suficientemente fiable y en los resultados que arroje caben otros cuadros similares, como pueden ser la depresión o la ansiedad, ya que en ellos también se producen olvidos, dificultades para controlar las emociones o la dispersión, explica Gamo.

Que pase desapercibido

Por otra parte, está el peligro de pasar por alto el problema porque muchos niños que padecen esta afectación no incurren en el fracaso escolar, sobre todo en la etapa de Primaria. Es el infradiagnóstico, la otra cara del paradigma al que alude el director pedagógico. El trastorno corre el riesgo de pasar desapercibido y simplemente los menores pueden parecer vaguetes o despistados, expone Gamo. Ese precio lo pagarán a edades más tardías.

Esta confusión en la detección del problema deriva en la ausencia de tratamiento. Si no se aborda el déficit de atención el peligro de fracasar en los estudios crece. Siete de cada diez casos sucumben antes de llegar a Secundaria, precisa José Ramón Gamo, quien agrega que en el 40% de los diagnósticos existe dislexia aparejada.

El experto aboga por el modelo de la escuela ecotecnológica, que lleva muchos años asentado en países avanzados como Finlandia. Este sistema educativo consiste en que hasta los 12 años la actividad escolar ha de concentrarse en «entrenar el cerebro» para favorecer el autocontrol, la perseverancia, la capacidad de sintetizar y de razonar y otras habilidades. Se trata –explica Gamo– de que el alumno experimente con el ensayo-error y que el maestro dirija esa práctica alejada de los registros de la memoria.

Fuente:

http://www.elnortedecastilla.es/

Niños con fracaso escolar: Causas y tratamientos

 
Dr. César Soutullo Esperón

Clínica Universidad de Navarra

 

deficit de atencion inatencion fracaso escolarIntroducción

El fracaso escolar es un problema frecuente en niños y adolescentes que puede tener causas variadas: médicas, psiquiátricas, psicológicas, sociales, ambientales, etc.

Cuando se presenta debe buscarse cuidadosamente el origen porque con frecuencia cuando se trata o corrige se puede mejorar la significativamente la situación.

Problemas médicos

Aunque la alimentación de los niños es generalmente adecuada en nuestro medio y no son frecuentes las situaciones de malnutrición, a veces se puede producir una "malnutrición relativa" en niños que no desayunan adecuadamente. Así pasan muchas horas desde la cena hasta la comida sin alimentarse. Esto puede producir falta de concentración, cansancio y desinterés en las clases de la mañana. Es importante supervisar el desayuno de los niños, reservando tiempo suficiente y que así tomen calorías suficientes, no sólo azúcar o bollería que se absorben rápidamente, sino también proteinas como jamón, huevo o queso, además de leche, zumo o fruta y pan, cereales o galletas (hidratos de carbono de absorción lenta). El almuerzo de media mañana puede suplir y complementar el desayuno.

Otra causa médica de posible fracaso escolar y problemas de concentración son los problemas del sueño. Niños que se acuestan muy tarde o a horas irregulares, o que duermen en ambientes ruidosos pueden estar excesivamente cansados para rendir en el colegio al día siguiente. También, niños con obesidad que roncan excesivamente sufren muchos periodos cortos de apnea durante el sueño, es decir, que dejan de respirar en medio de los ronquidos, y luego se despiertan brevemente. Aunque no se dan cuenta de estos despertares, durante el día están cansados y con falta de concentración. Este problema se detecta mediante un estudio del sueño y se debe corregir. Al coregirse los ronquidos mejora el sueño y la concentración.

También niños con asma que empeora durante la noche tienen el sueño interrumpido y pueden sufrir de problemas de energía y concentración. El uso de algunas medicaciones contra el asma, las alergias y la epilepsia y el exceso de cafeina puede afectar también la energía y la concentración.

En adolescentes el abuso de drogas como la marihuana puede producir no sólo problemas de concentración, sino desinterés, apatía y "pasotismo", así como disminución de la autoestima y reducción de las expectativas. Se puede detactar la presencia de marihuana en orina con un sencillo análisis. Otras causas médicas de problemas escolares y de concentración pueden ser la anemia y trastornos endocrinos como diabetes o problemas de tiroides, por lo que es útil realizar un análisis de sangre para descartar estos problemas.

También es importante que un niño con fracaso escolar reciba una evaluación de la vista y el oido, ya que problemas en estas áreas son sencillos de resolver.

Cociente intelectual bajo y trastornos del aprendizaje verbal y no verbal

Cuando se evalúa a un niño o adolescente con fracaso escolar es importante realizar un test de inteligencia como el llamado test de WISC. Así podemos evaluar el nivel intelectual del niño, ya que a veces niños con retraso escolar pueden presentar inteligencia normal-baja o incluso inferior a lo normal que hace que cada año se vayan retrasando un poco más al ir aumentando la exigencia en el colegio.

El test de WISC además nos da información no sólo sobre la inteligencia global (Cociente Intelectual o C.I.), sino también sobre el llamado CI verbal o inteligencia verbal, y el CI manipulativo o inteligencia práctica. Si existe un desequilibrio entre estos dos tipos de inteligencia, auque el resultado global sea normal, el niño puede tener dificultades en procesar información verbal (no entiende lo que lee), o la información manipulativa (auque entiende lo que lee no lo puede poner en práctica ni utilizar esa información). Estos problemas de aprendizaje verbal y no-verbal deben ser detectados y tratados con apoyo psicopedagógico en el colegio y en sesiones suplementarias en casa o en gabinetes psicopedagógicos.

Hay una serie de problemas específicos del aprendizaje como trastorno del aprendizaje de la lectura, de las matemáticas, de la escritura; trastornos de la comunicación como trastorno del lenguaje expresivo, mixto del lenguaje expresivo-receptivo, trastorno fonológico (problemas de pronunciación y vocalización); y además trastornos de las habilidades motoras como el trastorno evolutivo de la coordinación (niños torpes desde el punto de vista motor) que deben ser evaluados por un neuropediatra, que pedirá las pruebas necesarias a un psicopedagogo y a un logopeda cuando sean necesarias.

Problemas psiquiátricos, psicológicos y del aprendizaje

Una de las causas más frecuentes de fracaso escolar en niños es el trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), que afecta a un 5% de los niños en edad escolar, siendo más frecuente en varones. Éstos niños tienen problemas de atención, impulsividad (hacen las cosas sin pensar) y exceso de actividad. Sin embargo no todos los niños con TDAH son hiperactivos, y aquellos con el tipo inatento de TDAH, que predomina en niñas, sufren principalmente de inatención y a veces pasan desapercibidos porque no molestan tanto a los adultos.

El TDAH es un problema serio y debe ser tratado por un equipo de especialistas con experiencia en el tratamiento de niños con problemas psiquiátricos y del comportamiento, y con posibilidad de coordinar los recursos en el colegio, y apoyar a los padres. Estos niños deben ser evaluados por el pediatra o psiquiatra infantil y tratados con medicación, ya que así se mejora el rendimiento escolar y disminuyen los problemas con sus iguales y con la familia. Algunas veces, formas leves de TDAH se pueden controlar con tratamiento no farmacológico, sin embargo, los estudios indican que el tratamiento más eficaz es una combinación de una medicación y psicoterapia conductual con entrenamiento a los padres y apoyo en el colegio.

Otra causa frecuente de rechazo y fracaso escolar en niños pequeños son problemas de ansiedad, especialmente ansiedad por separación. En este cuadro clínico el niño tiene mucho miedo a separarse de los padres y con frecuencia tiene síntomas físicios como dolores de tripa, vómitos, dolores de cabeza, etc cuando van al colegio pero no los presentan los fines de semana. Tampoco les gusta que los padres se vayan a cenar o al cine y los dejen a ellos con los abuelos o una canguro, y también duermen con los padres o tienen mucho miedo al acostarse. Ese miedo a estar lejos de casa hace que en el colegio estén distraidos, cuando no están en la enfermería por problemas físicos que no tienen causa médica sino psicológica.

La depresión en niños y adolescentes puede producir además de humor triste o frecuentemente irritable, desinterés, apatía, falta de ilusión, y además falta de concentración y de energía, así como problemas en el sueño. Debe diagnosticarse y tratarse por un psiquiatra con antidepresivos modernos que tienen pocos riesgos y pocos efectos secundarios, y que no producen ni adicción ni cambian la personalidad, como mucha gente erróneamente cree. Un tipo de depresión como la enfermedad maniaco-depresiva o bipolar a veces se confunde con el TDAH y necesita otros tratamientos porque los antidepresivos la pueden hacer empeorar.

La depresión no es culpa de los padres ni del niño, y no ayuda paralizarse ante la situación y esperar "a ver si se le pasa", porque cuanto más se retrase el diagnóstico y tratamiento peores pueden ser las secuelas. La depresión es la principal causa de suicidio en todas las edades, y el suicidio es la tercera causa de muerte de jóvenes entre 15 y 24 años, y la sexta en niños entre 5 y 14 años.

Problemas sociales y ambientales

En niños con fracaso escolar se debe también descartar que exista una falta de estructura en las actividades en casa. Horarios irregulares de comida, estudio y sueño, ambientes ruidosos, hacinamiento en la vivienda, falta de supervisión por adultos y situaciones de pobreza y falta de recursos pueden repercutir en el rendimiento escolar del niño. Otros problemas entre los padres como abuso de alcohol u otras drogas, peleas o violencia doméstica, situaciones de desempleo y adversidad social extrema como la que sucede en minorías también tienen consecuencias serias sobre la estabilidad del niño y sobre su interés en su educación.

En resumen, ante un niño o adolescente con fracaso escolar deben descartarse primero problemas médicos de la vista y el oido, del sueño y de la alimentación, problemas endocrinológicos, neurológicos y abuso de drogas, especialmente marihuana y alcohol en adolescentes. Depués de la evaluación pediátrica se hace una evaluación psiquiátrica y psicológica por un especialista, para valorar el nivel intelectual y la presencia o no de problemas específicos del aprendizaje, así como trastornos psiquiátricos como ansiedad, depresión, y trastorno por déficit de atención e hiperactividad. También debe evaluarse la familia, la situación de los padres y el entorno social del niño para descartar otros problemas que afecten el rendimiento y la motivación del niño.

De todas formas, aunque se encuentre algún problema social o ambiental se deben descartar los otros problemas y no culpar a los padres ni al niño de su propio fracaso escolar. Una vez encontrada la causa o causas del problema se establece un plan de tratamiento. Es imprescindible un seguimiento que incluirá información de los padres, del niño y también de los profesores, evaluando tanto las notas y el rendimiento escolar como el comportamiento en clase y con los compañeros para conseguir una total integración del niño en la clase.

 

Fuente:

http://www.cun.es/

¿Exámenes adaptados a alumnado con déficit de atención?

 

Manuel Rodríguez G.

FRACASOESCOLARTDAHAcabaron los exámenes de la segunda evaluación de mi hija y como ya preví, antes de la primera evaluación (así se lo hice saber a la dirección del CIDEAD donde actualmente estudia mi hija) los resultados han sido bastante pobres.

Parece ser, y así me lo han expresado desde la dirección, que el sistema educativo del Ministerio de Educación, en su modalidad a distancia, no tiene medios técnicos ni humanos para ayudar a alumnos que necesitan determinados apoyos; en este caso sencillas adaptaciones en la forma (que no en el fondo) de los exámenes presenciales para que se realizasen de tipo test, dadas las inhabilidades que presenta la alumna. Ni para mi hija ni para el el alumnado que estudia en esta modalidad a través de más de 70 países. Queda así patente, una vez más, la indefensión del alumnado con necesidades educativas específicas, sean o no significativas y el postulado de igualdad de oportunidades, discriminación positiva y otros derechos inherentes a este grupo de alumnado.

Las excelentes notas conseguidas por mi hija en los diversos trabajos que viene presentando, rondando la media de 8,5 poco tienen que ver con los escuálidos resultados en sus exámenes presenciales que rondan apenas el 5 y en algunas materias ni eso. Su C.I. en torno a 114, sumado al bastante esfuerzo por su parte (y no poca ayuda de este que escribe) no son suficientes para saltar los muy serios problemas ligados a las funciones ejecutivas tan mermadas en no pocos niños afectados por déficit atencional. Pobres funciones ejecutivas respecto a la planificación, reflexión, velocidad de procesamiento, desarrollo y narracción en la expresión verbal y escrita y cómo no, exagerada inatención con grandes lagunas en su memoria inmediata o de trabajo que la relegan, como antes comentaba a que la relación esfuerzo-inteligencia-rendimiento estén francamente desequilibrados a favor del último: el muy bajo rendimiento, ligado al nulo apoyo educativo desde el inicio de su escolarización, que como llevo previendo desde hace demasiados años es la crónica de un fracaso anunciado. Fracaso de todo un sistema educativo que ni cumple, ni apoya ni atiende a este tipo de alumnado. Fracaso vergonzoso de un sistema educativo inoperante, caduco y viciado por el corporativismo exacerbado de demasiado burócrata y no pocos funcionarios que se autoproclaman “maestros” pero que en modo alguno, excepto loables excepciones (en el caso de mi hija no he conocido a ninguno) se implican, forman y ponen el suficiente celo y empeño para  intentar aliviar las muchas dificultades inherentes a la diversidad de su alumnado… Luego habrá quienes sigan poniendo en duda los informes PISA y el penoso “papelón” de nuestro muy paupérrimo Sistema educativo.

Fracaso escolar del Sistema educativo, sin duda alguna. Fracaso escolar de un sistema cínico, negligente y penoso que desgraciadamente relegará a Silvia, mi hija (al igual que a demasiados jóvenes) a que definitivamente se vea obligada a dejar los estudios una vez finalizado este curso de 4º de la ESO , dada la  alta factura anímica y de esfuerzo que está pagando para tan pobres resultados obtenidos, aún incluso tras verse obligada a exiliarse de los tres colegios presenciales por los que pasó debido al acoso escolar sufrido Triste 

 

Para quienes a veces se han molestado y me han expresado que sea tan crítico,  les dejo un “escrito más dulce”, aunque dudo sea ampliable a la mayoría de este sistema educativo nuestro … “divino y de escaparate”

 

Los hiperactivos dispondrán de más tiempo para los exámenes

 

 

Los escolares hiperactivos tendrán más tiempo para hacer los exámenes y podrán contestar a preguntas cortas o tipo test (en lugar de desarrollar temas más largos). Además, se valorará más su esfuerzo y se les adaptarán las pruebas de acceso a la universidad (Selectividad) y a la FP. Estas son algunas de las medidas que se desprenden de la nueva orden foral que regula la atención educativa a estos alumnos.

 

http://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/mas_navarra/2013/02/26/los_hiperactivos_dispondran_mas_tiempo_para_los_examenes_108896_2061.html

Lateralidad cruzada: Vivencias de un adolescente

 

imageUN HECHO REAL 

Antonio, era un niño alegre y feliz, estudioso, listo, apasionado por el deporte y la Semana santa….pero todo esto cambió y se llenó de complejos y de frustración.

Todo empezó cuándo con nueve años lo tuvieron que someter a una intervención quirúrgica de urgencia a consecuencia de un infarto de epiplón mayor, el niño tuvo que ausentarse durante dos meses del colegio, pero tan querido era por sus profesores, que le dedicaban dos o tres tardes a la semana y pasaban por su casa, le daban deberes, explicaciones y hasta bromeaban con él, gracias a ellos ese año pudo terminar bien el curso.

Desde entonces no volvió a ser el mismo, se convirtió en un niño frágil de salud, sufría constantes desmayos, hasta que le diagnosticaron problemas de hipoglucemias, se le empezó a tratar y todo marchaba bien, empezó a retomar su vida, haciendo deporte que es lo que más le gustaba, pero esto duró poco.

Estando en tercero de la ESO, su comportamiento cambió, las notas empezaron a bajar, volvió a sufrir desmayos y dolores de cabeza. Otra vez de médicos de pruebas hasta que se dieron cuenta de que sufría el trastorno de “Lateralidad cruzada.” Empezó con las terapias y se informó al tutor donde cursaba sus estudios, del problema que había, tuvo que repetir curso.

Al año siguiente a principios de curso, sufrió una pérdida de conocimiento muy grande, por lo que tuvo que ser tratado de urgencias, se le descubrió un pequeño problema de corazón, pero no era la causa de los desvanecimientos, tuvo que dejar las sesiones de terapia, hasta encontrar la causa. Fueron unos meses muy duros para Antonio y su familia, un día sí y otro no en el médico haciéndole pruebas. El cardiólogo, había informado que tenía que dejar el deporte ya que, el ejercicio físico y los desvanecimientos que sufría, le hacían daño a su corazón, había que seguir haciendo pruebas hasta dar con la causa de su mal, el resultado fue “Migrañas con aura visual”

Mientras en el centro donde estudiaba no dejaban de ponerle faltas de asistencia sin justificar, cuándo su madre siempre estaba en el centro, a petición del tutor, dando los justificantes y los partes médicos. No podían entender el comportamiento   que tenían algunos de sus profesores hacia el niño, lejos de ayudarle, cada día la situación era más difícil de llevar, su vida en el centro se convirtió en un sufrimiento constante, llena de trabas y de zancadillas, hasta que un día, la madre tuvo que ir hablar con la orientadora del centro sobre el futuro de Antonio.

Entonces se dio cuenta, que el tutor no había informado al resto de profesores del problema de Antonio, ni tampoco a la orientadora, la cual, hubiera podido hacer mucho por él durante el curso, de ahí el comportamiento de algunos profesores, la falta de comunicación y de ayuda del tutor, frustró la vida de Antonio en el colegio.

El sistema educativo no funciona como debería, hay profesores que tienen total desconocimiento de este trastorno, unos hacen por donde saber más acerca de esto y poder ayudar a los alumnos con dicha patología, pero otros no. No todos los profesores están preparados para tratar con estos niños, es más fácil tratarlos de perezosos, con dificultad para la integración, que intentar ayudarles, no se dan cuenta que son niños normales.

Antonio acabó la ESO con su titulo, pero lamentablemente dejó los estudios, hoy en día está a la espera de cumplir los dieciocho años, para  engrosar la lista del INEM e intentar hacer algún curso de formación.

 

Fuente:

http://ziribulla.blogspot.com.es/

El TDAH es una de las principales causas del fracaso escolar

 

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La pasada semana se celebró la III semana de sensibilización Europea del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Y con motivo de esta celebración, Fulgencio Madrid, presidente de la Federación Española de Asociación de Ayuda al TDAH (FEAADAH), y la Doctora María Jesús Mardomingo, presidenta de honor de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente (AEPNYA), analizaron los principales problemas de las familias afectadas por este trastorno.

El TDAH es un trastorno crónico de origen neurológico que se desarrolla principalmente en la infancia. Según la evidencia científica, se trata de una de las patologías psiquiátricas mejor estudiadas por los profesionales de la medicina. Sin embargo, a pesar de tratarse de una patología con elevada prevalencia en la población infantil, está marcada por un gran estigma social, determinado por el desconocimiento de la población, la falta de profesionales especializados en el tema, la demora y los errores en el diagnóstico, y la ausencia y desigualdad de programas de prevención en la mayoría de las Comunidades Autónomas (CC.AA).

Para muchos es un “trastorno invisible” que afecta a muchas familias. Se estima que alrededor de un 5-7% de los niños en edad escolar tienen TDAH, aunque todavía existe un porcentaje muy alto de población infantil y adulta que está sin  diagnosticar. Y al ser un trastorno crónico persiste en la edad adulta hasta en el 60% de quienes lo han padecido en la infancia y adolescencia.

¿Cuándo empezamos a sospechar que el niño tiene TDAH?

Los niños empiezan a manifestar los primeros síntomas de TDAH alrededor de los 3-4 años de edad. Sin embargo, no es hasta la etapa escolar cuando los padres recurren a la ayuda de un especialista, alrededor de los 7 años.

Los padres piensan que el niño puede tener algún problema intelectual porque va mal en la escuela, saca malas notas o no es capaz de seguir el curso como el resto de sus compañeros. Pero el problema real no son los problemas cognoscitivos del niño, ya que la mayoría tiene un coeficiente intelectual normal, sino esa dificultad para escuchar, atender y mantener la atención en clase. Cuando el periodo de atención en un estímulo no es suficientemente largo significa que no funcionan bien los procesos de la memoria. Entonces los conocimientos no se retienen y cuesta más aprender. Además, el 40% de los niños con TDAH puede tener trastornos específicos del aprendizaje o lo que es lo mismo trastornos asociados en la adquisición de la lectura (dislexia), escritura (disgrafía) y el cálculo (discalculia).

Su comportamiento en el colegio también es bastante complejo. Los niños con TDAH suelen interrumpir al profesor, son incapaces de permanecer quietos, se levantan constantemente en clase y su conducta con los compañeros es inestable, por lo que éstos no suelen contar con ellos a la hora de los juegos.

Todas estas circunstancias repercuten en las emociones del niño al ser rechazados por sus compañeros en el colegio (les cuesta hacer amigos), al sentirse que no valen en la escuela (experimentan una sensación de fracaso al no cumplir con las expectativas de padres y profesores) y en casa, día sí y día también están expuestos a las regañinas de sus progenitores. Esto hace que muchos de ellos desarrollen patologías asociadas a trastornos de ansiedad o depresión.

¿Cómo podemos ayudar a los niños con TDAH?

Los niños con TDAH no entienden lo que les ocurre. Por esta razón, conviene recurrir a la ayuda del especialista para que estudie cada caso concreto y establezca un diagnóstico definitivo. Una vez establecido el diagnóstico, el siguiente paso es iniciar un tratamiento adecuado para cada caso.

El tratamiento con TDAH combina la intervención farmacológica, psicológica y el apoyo pedagógico. “El tratamiento es eficaz en el 70-80% de los pacientes, mejorando el cuadro clínico, el rendimiento académico, la imagen personal, las relaciones con los compañeros y, por tanto, la adaptación social, y la interacción con la familia. Como consecuencia disminuye el estrés del niño, que se siente rechazado por su conducta, y el estrés de los padres“, señala la Dra. Mardomingo.

En cambio, la ausencia de diagnóstico y tratamiento en la infancia pueden tener consecuencias graves que van desde el fracaso escolar en la infancia, hasta dificultades laborales en la edad adulta, pasando por el desarrollo de conductas antisociales.

Por esta razón, la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención ha elaborado un manifiesto en el que señala la necesidad de reconocer a los escolares que padecen TDAH como alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo. Y, por otra parte, incluir los medicamentos para el TDAH, que son excesivamente costosos, en el grupo de aportación reducida debido al carácter crónico del trastorno.

Por último, la Comisión de Sanidad, Política Social y Consumo del Senado ha aprobado recientemente, y por unanimidad, tramitar una moción que inste al Gobierno a adoptar medidas que mejoren el abordaje de esta enfermedad y la situación de los afectados y familiares.

 

Fuente:

http://www.amanda.org.es/

Fracaso escolar: ¿Fracaso del alumnado o fracaso del sistema escolar?

 

  ¿QUE ES EL FRACASO ESCOLAR?

Lo que comúnmente se llama "fracaso escolar" es perfectamente evitable. Un detalle: No existe el "fracaso escolar del niño". El niño no tiene fracaso escolar. El niño sufre a consecuencia del "fracaso escolar", pero ni lo crea ni lo difunde, ni lo provoca. El niño se limita a sufrir las consecuencias del fracaso escolar... que no es sino el fracaso de alguna acción educativa.

El niño tendrá, muy posiblemente, una dificultad para algún tema escolar. Por ejemplo: le costará fijar la atención, o le resultará especialmente difícil el aprendizaje del cálculo.

Si en su escuela o en su casa, se dan cuenta a tiempo de que el niño tiene dificultades, podrán estudiar esas dificultades y poner en marcha las acciones necesarias para superarlas: una mayor atención sobre el niño, unas clases especiales, una adaptación de los objetivos educativos, etc.

Si nadie repara en las dificultades del niño, o si no se les da la necesaria importancia, el niño tendrá trastornos en sus aprendizajes, que, en el peor de los casos, se irán acumulando a cada curso que el niño haga. Muchas veces se habla de "fracaso escolar acumulativo".

Pero no es correcto hablar de "niños con fracaso escolar". Lo único real es que hay niños con dificultades, las cuales pueden ser muy variadas. Más adelante las repasaremos. El fracaso escolar se produce cuando algo falla en algún punto del sistema educativo, y el niño con dificultades no es ayudado para superarlas. En según qué casos, la ayuda pasará por rehacer los objetivos educativos señalados para el niño.

La culpa no es del niño. El niño es el eslabón más débil de la cadena. Primero porque es niño. Segundo porque ya hemos quedado en que es un niño que tiene dificultades. Tercero porque el niño no es un técnico ni en pedagogía, ni en psicología, ni es maestro, ni ninguno de los profesionales que, se supone, son quienes trabajan para enseñarle y conducir sus aprendizajes.

El fracaso es de alguna acción educativa que no ha orientado correctamente las dificultades del niño, ni las ha tratado con el necesario acierto.

No estamos culpando a los docentes ni a todo el sistema educativo. El fracaso escolar exige

a) niños con dificultades y

b) acciones educativas poco acertadas.

La incompetencia o el bajo acierto pueden estar en cualquier punto del sistema educativo. Desde quienes planifican la política educativa, hasta quienes se ocupan de vigilar a los niños en el patio, pasando por ministros de educación, directores generales, inspectores escolares, directores de colegio, maestros, profesores de educación especial, psicólogos, psicopedagogos, psiquiatras infantiles, equipos multiprofesionales, padres, y conserjes de los colegios.

Los docentes son la segunda pieza más débil del sistema. Están colocados en la línea de fuego y, a veces, ni se les prepara ni se les ayuda a la hora de programar los aprendizajes de sus alumnos. Es lógico que, en ocasiones, se mantengan a la defensiva cuando se sienten atacados. Vaya nuestro mayor respeto para aquellos profesionales sensatos y competentes que actúan de forma oportuna, y que solventan con acierto los problemas de sus alumnos. Siéntanse aludidos solamente los incompetentes cuando citamos erróneas organizaciones educativas.

Lo que resulta pecado mortal es cargar el mochuelo a los niños. Los niños con dificultades son la primera pieza más débil del sistema. En su infancia tienen que padecer por sus dificultades, en tanto que, cuando sean adultos, tendrán que apechugar con las consecuencias de sus malos aprendizajes.

Los niños con dificultades lo pasan mal. Especialmente si, a causa de sus dificultades, son zaheridos, humillados, castigados, reconvenidos, censurados y reñidos. Pero los niños con dificultades existen y, además no son el problema. El problema es que si no resolvemos sus dificultades les condenamos al fracaso.

Una dificultad no es problema si sabemos cómo darle solución. Un hombre perdido en un inmenso laberinto, del tamaño del desierto del Sahara pongamos por caso, puede pensar que el laberinto es un gran problema. Pero este mismo hombre, con un detallado plano del laberinto en sus manos, podrá salir de allí con relativa facilidad; el laberinto deja de ser un problema cuando tenemos el plano.

El problema no es el laberinto en sí; el problema aparece cuando no tenemos la solución adecuada. Si el hombre sin plano, enloquecido, intentara abrirse paso dando cabezazos a las sólidas paredes del laberinto, todavía tendría más problemas. Porque los problemas aumentan tanto como queramos, si, además de no tener soluciones buenas, nos empeñamos en aplicar las malas soluciones que se nos puedan ocurrir.

Volvamos al fracaso escolar. El problema no son los niños con dificultades. El problema es que alguien, en algún punto del sistema educativo, no halla la manera correcta de trabajar con dichos niños. El problema se hace inmenso cuando ese u otro alguien, en ese u otro punto del sistema educativo, imagina y pone en práctica malas "soluciones".

Si el niño no funciona, es que las soluciones que se están aplicando son malas y que quienes están trabajando con él no saben por donde van. Es probable que, con la idea de sacar al niño del laberinto, le estén lanzando de cabeza contra las paredes.

La solución buena consiste en ver qué dificultad concreta plantea un niño con trastornos de aprendizaje. Después, detectar todos los factores que intervienen en su dificultad. Y, sabiendo las implicaciones del caso, construir un programa de objetivos para ese niño, y ponerlo en práctica.

La llamada "Reforma" educativa viene, sobre el papel, a resolver el problema del "fracaso escolar". Me da la sensación de que es el primer plan de educación realista que se ha impulsado en muchos años. Su mayor mérito: reconocer que no puede exigirse el mismo nivel de objetivos para cada niño, e intentar la adaptación de la enseñanza a las posiubilidades reales de cada caso.

Las dificultades más frecuentes son las siguientes:

1. EL NIÑO QUE NO SE CONCENTRA.

El niño distraído, que se distrae, que no se concentra, y que, además, es movido, viene a ser el más frecuente "sufridor" de fracaso escolar. El trastorno que da lugar a este problema es el trastorno por déficit de atención con hiperactividad .

2. EL NIÑO QUE NO TIENE MOTIVACIONES

¿Cuántas veces hemos oído decir que tal o tal niño/a no está motivado para estudiar! O que no quiere estudiar, o que no le gusta estudiar... o que podría hacer más si quisiera, si pusiera de su parte.

Pocas veces nos han convencido. Si fuera un problema de voluntad, es casi seguro que todos los niños funcionarían bien. ¿A qué niño no le gusta ir bien, sacar buenas notas y obtener recompensas? No. El problema no es de voluntad, ni resolverlo está en manos del niño.

Si el niño pudiera, haría más. Si no lo hace es porque no puede. Si está desmotivado es a causa de algo. Los niños no nacen desmotivados ni motivados. El hecho de que se motiven o no depende de las enseñanzas que les inculquemos.

La motivación es aquéllo que nos impulsa a hacer cosas. Las personas hacemos las cosas para las que nos sentimos motivados. En el fondo hacemos únicamente las cosas para las que sentimos algún tipo de motivación. Incluso cosas muy desagradables, que se hacen "a la fuerza", se hacen por algún motivo (evitar un castigo, por ejemplo). Lo ideal sería que las personas, en general, pudiéramos hacer únicamente aquéllas cosas para las que tenemos un motivo agradable: obtener un beneficio, sentirnos realizados, conseguir elogios o afecto, etcétera. Hay cosas que se hacen "por fuerza", y hacer esas cosas no nos causa demasiadas satisfacciones. Es mucho mejor (y mucho más eficaz) conseguir que las personas hagan las cosas por sus valores positivos, antes que "a la fuerza", para evitar males mayores. No hay otra solución que el trabajo individual más enfocado a proporcionarles una motivación y una actitud positiva ante el trabajo, que a ampliar sus conocimientos, al menos en una primera fase.

¿Cómo conseguir esta motivación? En principio es algo fácil cuando se trabaja con los niños desde el principio, pero es más elaborado cuando se trata de "rehacer" las motivaciones de un niño o niña ya mayorcitos, y que no están acostumbrados a recoger ninguna satisfacción por su trabajo.

3. TRASTORNOS ESPECIFICOS DE APRENDIZAJE

El aprendizaje de la lectura es el proceso escolar más trascendente en el ciclo inicial, que cubre los dos últimos cursos preescolares, junto a 1º y 2º de EGB. Durante muchos años el diagnóstico de "dislexia" ha sido uno de los más frecuentes en niños con trastornos de aprendizaje. Más adelante, tal aprendizaje se seguirá con la escritura y con los procesos de cálculo.

4. EL NIÑO DEPRIMIDO

En general, en cualquier cambio a peor hay que pensar en una depresión. Por ejemplo: cuando un niño o niña que era pacífico se vuelve agresivo, o que era plácido y se vuelve angustiado, o que era bueno y se vuelve malo, o que era buen estudiante y se vuelve mal estudiante... En todos estos casos de cambios, que a veces se atribuyen a "la edad", o "al cambio", vale la pensar en la posibilidad de una depresión.

5. EL NIÑO QUE REPITE CURSO

Cuando el fantasma de la repetición asoma, todo el mundo se alarma. ¿Es adecuado repetir un curso? ¿En qué casos puede ser positivo y en qué casos no lo será? Intentaremos dar respuesta a estos interrogantes.

Las reglas básicas que proponemos para evaluar la repetición de curso son las siguientes:

1. La finalidad de repetir un curso es conseguir, en el año de repetición, los objetivos propios del curso que se repite. En otras palabras, como que el niño no aprendió los contenidos básicos del curso o de alguna asignatura), volveremos otro curso sobre ello, para ver si los alcanza.

Pero esto tiene solamente sentido si los fallos del niño afectan exclusivamente a contenidos del curso que va a repetir. Si un niño sufre una dislexia grave, y no se afronta este problema hasta 5º de EGB, de nada servirá repetir 5º de EGB. El fallo, viene desde 2º de EGB. En quinto no hay ninguna asignatura mediante la cual se aprenda a leer. Queremos decir con ello que lo pertinente es detectar los fallos concretos de cada niño, y resolverlos, sea en el curso que sea. Hay casos en los que, por desgracia, se habrá llegado tarde (el ejemplo expuesto es uno de ellos) y nada o casi nada va a arreglar el entuerto. Pero, como siempre, hay maneras de empeorar el problema: la repetición, sin mas, es una de ellas.

En niños mayorcitos con problemática amplia, por ejemplo con fallos acumulados desde 2º EGB, y cursando ahora 6º EGB, es mejor aconsejar que no repitan. Que acaben como puedan EGB, y que se orienten después a escuelas-taller de artes y oficios... allí donde las haya. No se gana nada haciendo repetir 6º EGB a quien tiene objetivos no asumidos desde 2º.

2. Es pertinente repetir curso en el siguiente caso: un niño que hasta este curso había ido bien y este curso ha ido mal. La repetición servirá para poner a punto los contenidos de ese curso y nada más que de ese curso, pues los anteriores ya los tenía aprendidos. De todas formas, aparte de indicar la repetición, el niño debe ser examinado por especialistas en trastornos de aprendizaje.

3. En según que casos es mejor aconsejar la repetición en un colegio distinto del actual. Ello es obligado si detectamos errores pedagógicos en dicho centro. Pero también en el caso de niños o niñas que vayan a sentirse muy frustrados al no seguir el ritmo de sus compañeros.

4. Hay que ser cuidadosos al escoger un nuevo centro. No todos tienen capacidad para trabajar con niños que tienen alguna dificultad. Es mejor hablar claro desde el principio y exponer claramente las dificultades del niño. Es vital efectuar un estudio especializado del caso para conocer el estado real del niño, y de cuáles son las mejores medidas para el futuro.

6. DIFICULTADES PERCEPTIVAS PERIFERICAS.

Todos hemos oído hablar acerca de niños que no avanzaban en el colegio porque tenían problemas de vista. O de niños que, teniendo problemas de oído, estos no se diagnosticaron en el momento preciso.

Ante cualquier trastorno de aprendizaje es pertinente incluir un examen visual y auditivo entre las pruebas que se hacen. Muchos pediatras, en sus consultas, tienen los instrumentos necesarios para hacer un examen orientativo.

En las "revisiones médicas" que se efectúan masivamente en los colegios se pueden obtener también indicaciones orientativas. Ante la mínima duda es necesario el examen por el médico: oculista, o bien especialista en garganta, nariz y oídos. El examen de la agudeza visual, en niños, debe hacerse por el médico. Lo mismo cabe decir del examen auditivo. Asegúrese de que efectúan las pruebas especiales que deben aplicarse en niños, distintas de las que se aplican en adultos.

La corrección óptica (gafas) y la auditiva (aparatos, reeducación, etc.) deben también ser efectuados por profesionales de solvencia.

7. EL NIÑO INSEGURO

Siempre que los padres me preguntan acerca de cuál es mi ideal de educación infantil, les respondo que, para mi, lo más importante es educar e instruir a los hijos para que sean autónomos, capaces de prescindir de nosotros, de resolver por sí mismos los problemas buscando por sí mismos la ayuda si es necesaria. En suma, que se sientan seguros, felices, contentos de vivir, capaces de tomar decisiones y de asumir responsabilidades.

¿Cómo se logra esto? Pues es muy sencillo: asesorando al niño para que sepa cuáles son los objetivos que debe lograr, sin ejercer un autoritarismo humillante y, sobre todo, haciendo que no se sienta culpable y que aprenda a asumir los fracasos.

Si tenemos en casa un invitado a cenar, y, en un momento dado, el invitado vuelca una copa de vino sobre el mantel, ¿qué le diríamos al invitado? Lo más probable es que dijésemos: "Tranquilo, no pasa nada, son cosas que le pasan a cualquiera, no se preocupe por favor".

Si el que vuelca la copa es un hijo, ¿Qué se le dice?

Moraleja (y es una de mis preferidas): "Tratemos a los hijos como si fueran invitados".

En la Parte III del libro, hablamos acerca de la resolución de este tipo de problemas.

8. EL NIÑO MANIPULADOR

Una de las consultas más frecuentes de los padres se produce acerca del niño manipulador, que intenta salirse con la suya y que es capaz de montar rabietas, si conviene, para conseguir sus finalidades. Muchas veces la manipulación tiene la finalidad de evitar el esfuerzo que supone el trabajo escolar y, en este sentido, el trastorno funcional de la conducta es la dificultad concreta que creará problemas de rendimiento y, a la larga, fracaso.

¿QUIENES DETECTAN Y TRATAN TALES DIFICULTADES?

1. Los propios centros escolares son los que pueden detectar la existencia de dificultades y orientar su resolución encaminando al niño a alguno de los servicios (psicológicos, psicopedagógicos, psiquiátricos...) especializados en esas dificultades de los niños.

2. Los equipos multiprofesionales de asistencia psicopedagógica dentro de los mismos colegios, o coordinados con ellos. Por ejemplo, los EAP en las escuelas públicas, dotados con psicólogos, maestros de educación especial, logopedas y asistentes sociales. Deberían estar constituidos por personas con los conocimientos, las habilidades y las motivaciones necesarias para profundizar en las dificultades de los niños y "desmenuzarlas" en sus componentes.

También en este apartado podemos ubicar a los centros, públicos o privados, de asistencia psiquiátrica infantil, en los que también debe coordinarse la acción de diversos profesionales que sepan abarcar, entre todos, las múltiples facetas que puede tener una dificultad de aprendizaje.

3. Los docentes deben efectuar la programación concreta de los niños con dificultades, decidiendo el grado de integración en el aula normal, en el aula de educación especial y, si conviene, en el centro de educación especial que sea más pertinente.

4. Todos los que intervienen deben efectuar una constante evaluación del proceso, comprobando si se consiguen o no los objetivos concretos para cada niño, y corrigiendo los errores que se produzcan.

Cuando nos encontramos ante un niño, cualquier niño, que presenta algún trastorno de aprendizaje, cualquier trastorno, se nos tiene que encender una luz de alarma.

A veces hay trastornos transitorios de aprendizaje, bien sea porque el niño está pasando una mala época, o porque la están pasando sus profesores, o porque hay ambiente tenso en casa. Pero ante un trastorno de aprendizaje de más de 1 mes de evolución, ya debemos plantearnos la necesidad de estudiar el caso.

Recordemos nuestra definición básica:

fracaso escolar (problema a tratar) = niño con dificultades + estructuras educativas que no permiten superar las dificultades.

En otras palabras: el problema no es la dificultad; el problema es la solución.

Se deben determinar las causas de la dificultad. Evaluar la dificultad del niño pasa por ver a fondo los diferentes aspectos que, al alterarse, hacen que el niño no pueda rendir en una programación normal. Hay una serie de pasos a dar por cada una de las personas que intervienen en la acción educativa del niño. Los pasos a dar son los siguientes:

1. El docente y/o los padres, deberían ser los primeros en darse cuenta de la dificultad del niño. El docente debe evaluar el nivel escolar del niño, tanto en cuanto a habilidades instrumentales (lectura, cálculo, etc.) como a desarrollo de procesos lógicos y conocimientos propios de su nivel. Recordemos que eso es la dificultad, no el problema.

En el caso de que tal nivel esté alterado, la dificultad del niño debe ser analizada desde un punto de vista multiprofesional:

2. El médico pediatra debe explorar el estado físico del niño, y solicitar ayuda al médico neurólogo o al psiquiatra infantil si detecta algún trastorno. Lo que dichos profesionales encuentren alterado es un componente de la dificultad; no es el problema.

3. El psicólogo del colegio debe determinar el nivel de inteligencia y los factores que lo componen. Hay que hacer pruebas amplias, en exploración individual, para ver qué mecanismos el niño es capaz de poner en marcha y cuáles no. Los tests de inteligencia para aplicación individual permiten evaluar el lenguaje, aspectos psicomotrices, formación de conceptos y capacidad de concentración, así como las pautas de trabajo del niño. Las alteraciones que aquí se detecten son dificultades; no son el problema.

4. El psicólogo debe también explorar y describir la personalidad del niño, a partir de las entrevistas con los padres, cuestionarios de evaluación a padres y maestros, entrevistas con el niño, pruebas de personalidad, con especial atención a las áreas donde se detecte algún conflicto. Si lo hay, sigue sin ser el problema; es una dificultad más.

5. El equipo pedagógico, o su responsable, debe considerar todas las dificultades que se han hallado para cada caso, y ver de qué forma actúan, cada una de ellas y todas entre sí. Tendremos así bien definidas todas las dificultades. Ahora es cuando empieza la solución del problema.

¿Cuáles son los errores más frecuentes que debemos evitar? Recordemos: el problema no es la dificultad. El problema es la solución. Si la solución es mala, esto es el problema.

Se produce un error si el docente y/o los padres consideran que el niño no se esfuerza lo suficiente, porque no quiere. Sin preguntarse seriamente qué le pasa al niño, le están responsabilizando de sus malos rendimientos y le hacen sentir culpable. El niño es reconvenido a causa de sus trastornos de aprendizaje. Se le somete a mayor presión. Se le castiga si no trabaja. Se le compara con otros niños. Se le razona que si no trabaja es porque no se esfuerza. En otras palabras, no se detecta la dificultad real del niño y se pone en marcha una mala solución: presionar al niño. Esto sí que es el problema.

Se produce otro error si el médico pediatra minimiza el asunto. "Esto es evolutivo", "Ya cambiará", "Es la edad" o "Daremos unas vitaminas" son algunas de las frases que definen esta actitud. No digamos si el médico pediatra se añade al carro de las inculpaciones: "Es que este niño es muy vago, ya se sabe" o "No todos son lumbreras" son ejemplos de algunas actuaciones que no corregirán los trastornos del niño. En otras palabras, una mala solución: frivolizar el trastorno. Esto sí que es el problema.

El psiquiatra infantil puede contribuir a complicar el proceso si carga el acento en unos problemas equivocados. Si, en lugar de detectar y tratar una dislexia, por ejemplo, le organiza al niño sesiones de psicoterapia en nº de 3 por semana. Es probable que el niño quede muy psiquiátricamente tratado, pero nada nos garantiza que vaya a mejorar su eficacia lectora. En otras palabras: se puede montar un tratamiento psiquiátrico erróneo. Esto sí que es el problema.

Lo mismo que si el psicólogo yerra al diagnosticar las capacidades mentales del niño, pasando por alto un retraso de lenguaje, o un trastorno de concentración, o diagnosticando una falsa subnormalidad. El diagnóstico psicológico erróneo es un grave problema.

En otras palabras, el problema no es el niño con dificultades. Pero si algún elemento del proceso educativo (sea docente, padre, médico o psicólogo) no sabe interpretar los diferentes resultados para llegar a saber cuál es la dificultad (con lo que se confunde el enfoque a dar en cada caso), esto sí que es el problema.

Hasta ahora no hemos hecho sino definir cuáles son las dificultades del niño. Pero nuestro objetivo es que el niño aprenda a superarlas. Para eso estamos todos los que giramos alrededor del niño: para hallar una solución que corrija el resultado de sus dificultades. Porque si el niño está constituyendo un problema es que alguien, aunque sea con la mejor de las intenciones, está aplicando malas soluciones. Si las dificultades están bien definidas, si, en otras palabras, sabemos las causas del trastorno de aprendizaje que presenta el niño, de una forma casi automática tendremos la buena solución. A partir de aquí lo importante es que la planificación educativa sea lo más correcta posible.

¿EXISTE UNA PLANIFICACION EDUCATIVA CORRECTA?

Cualquier aprendizaje escolar, para ser pertinente, debe contemplar los siguientes factores:

1. Demandas de la sociedad. Cada sociedad concreta requerirá un sistema educativo distinto, pues las necesidades de cada sociedad son peculiares. Por ejemplo, serviría de poco crear escuelas de decoración o de alta gastronomía en zonas deprimidas de Etiopía. La planificación educativa debe apuntar, en último termino, al desarrollo de la sociedad en relación a sus recursos y problemas.

2. Definición de tareas a desempeñar. A partir de las necesidades de la sociedad deberán definirse las tareas que deben desempeñar los sujedos discentes del proceso educativo. En otras palabras: educamos, ¿para qué?. ¿Qué nos interesa que nuestros estudiantes sepan hacer después del proceso educavtivo , y que antes no sabían hacer. A partir de ahí, hay que ir fijando las tareas para cada nivel. Por ejemplo: ¿qué debe ser capaz de hacer alguien al acabar la secundaria? ¿y al acabar la primaria? ¿y al acabar el primer ciclo de la primaria?, etc.

3. Definición de objetivos educativos. Estas tareas que el estudiante debe ser capaz de hacer, constituirán los objetivos educativos escalonados (preescolar, enseñanza primaria, secundaria, bachillerato o formación profesional, carreras universitarias, estudios post-grado etc),. La definición de objetivos debe comenzar ya en las fases iniciales (pre-escolar).

Cualquier objetivo define aquéllo que el individuo es capaz de hacer después del proceso educativo, y que antes no era capaz de hacer. Por ejemplo: "El individuo debe ser capaz de resolver co- rrectamente el 100 % de raíces cuadradas que se le planteen, independientemente del nº de cifras o de los decimales".

En cambio si decimos que "el objetivo es aprender a hacer raíces cuadradas" nos estamos expresando mal, en forma excesivamente vaga. Un niño puede pasar toda la vida "aprendiendo a hacer raíces cuadradas", (y, por tanto, cumpliendo el objetivo mal formulado) sin llegar a hacer bien ninguna. Tampoco "explicar un programa" es un objetivo. Cualquier objetivo debe definirse en relación a lo que los alumnos (sujetos discentes) serán capaces de hacer gracias al sistema educativo. Por supuesto tal definición (que es impecable desde el punto e vista psicopedagógico) está mal vista por todos los malos docentes. Para éstos los objetivos son: "explicar" (para el maestro) y "estudiar" (cuando piensan en el alumno).

La realidad es que si un docente no consigue que sus alumnos alcancen los objetivos previos (lo que puede medirse mediante un sistema de evaluación de objetivos), es él (el docente) el que ha fracasado. No el alumno. En este sentido es verdad el comentario jocoso de quien oía las explicaciones de un catedrático que se jactaba de suspender al 80 % de sus alumnos: "¡Pues que mal les debe de enseñar Usted!"

 

  Los objetivos educativos pueden ser

a) Globales o Institucionales. Por ejemplo: objetivos globales de la EGB, o de la carrera de medicina.

b) Específicos. Son los que definen paso a paso el proceso educativo. Por ejemplo: el objetivo concreto para raíces cuadradas, antes citado. Los objetivos específicos deben incluir criterios para su evaluación (en el mismo ejemplo, la precisión del 100 % de aciertos, la independencia del nº de cifras son criterios y condiciones para la evaluación).

c) Intermedios. Los que están entre los globales y los específicos. Por ej: objetivos para un curso concreto de EGB.

Para que unos objetivos funcionen deben ser:

PERTINENTES: Deben correlacionar con las demandas reales de la sociedad (ejemplo de no pertinencia: los de gastronomía en un país subdesarrollado).

CONCRETOS: Definidos en términos claros, objetivos, no sujetos a diversas interpretaciones. Los objetivos no concretos están formulados con palabras vagas. Ej: "Objetivo: saber una lección" (¿qué quiere decir "saber"? ¿saber de memoria, ser capaz de repetirla textualmente, contestar 10 preguntas acerca de contenidos básicos, responder el 60 % de preguntas en un examen de elección múltiple, recitar sus conceptos básicos aunque no textualmente, etc.?

REALIZABLES: El estudiante debe poder hacer lo que se le pide, en forma efectiva. Ejemplo de objetivos irrealizables:leer correctamente para niños de 2 1/2 años, habida cuenta que la inmensa mayor parte de los niños no tienen el suficiente desarrollo madurativo que permitirá el aprendizaje de la lectura.

OBSERVABLES: Si el logro del objetivo no pudiera observarse, no se podría determinar si ha sido o no alcanzado.

MENSURABLES: A veces oímos decir: "Lo que yo enseño es muy abstracto, no tiene una definición precisa, no puede medirse". Pero cualquier medida, aunque grosera, es mejor que ninguna. Algunos docentes creen que el objetivo ha sido logrado cuando ellos han impartido la enseñanza, y que si los alumnos suspenden es porque son borricos. La triste realidad es que el objetivo se consigue cuando todos los alumnos han llegado a demostrar que lo tienen superado. Si no se puede medir mal podrá nadie demostrar nada. A continuación de la definición de objetivos, el equipo docente debe programar las actividades que permitirán llegar a dichos objetivos, y definir los sistemas de evaluación que servirá para determinar si el sistema es correcto para alcanzar los objetivos o no, y en este caso, dónde están los fallos y cuáles son las correcciones necesarias.

Un detalle: cuánto estamos diciendo se imparte como asignatura en las carreras de Psicología, Pedagogía y Profesorado de EGB. Nos tememos que en tales carreras es una asignatura opcional, y/o que aún tratando de programación, no está bien programada.

Otro detalle: Las escuelas se encuentran con el trabajo más complejo ya efectuado. Los ministerios o entidades autonómicas pertinentes facilitan a todas las escuelas públicas, y a las privadas que lo soliciten, los volúmenes donde consta la programación curso por curso y materia por materia, tanto en cuanto a objetivos como a actividades y sistemas de evaluación.

Hay colegios donde no se sigue una programación por objetivos, y con eso ya está todo dicho. Los exámenes se siguen haciendo no como un modo de evaluar los objetivos del sistema docente, sino como un "gálibo" para medir la capacidad de trabajo de los niños (y la paciencia de los padres). El "fracaso escolar" (que debería considerarse como el fracaso del proceso educativo) se convierte en una lacra para el niño ("este niño tiene fracaso escolar"), y se admiten cifras del 30 % y hasta del 80 % de fracaso escolar, según niveles y áreas geográficas. Colegios "de alto nivel de exigencia" presumen de preparar bien a los niños y se enorgullecen al decir que "en tal o tal centro termina el COU solamente el 5 % de los que empezaron EGB" (esta cifra es real; conozco al menos dos colegios concretos de Barcelona que la emplean como bandera).

Si a un pediatra se le murieran el 80 % de niños que trata, lo más probable es que acabara en los tribunales. Pero a un docente que logra que le fracasen el 80 % de los niños, se le compadece por haber de sufrir tantos niños con fracaso escolar.

¿QUE HAY QUE EVALUAR ANTE UN TRASTORNO DE APRENDIZAJE?

Ya hemos visto que el trastorno global de aprendizaje escolar no constituye una entidad nosológica. Es un síntoma que aparece en el curso de varios de los cuadros clínicos que venimos exponiendo, y otras veces sin cuadro clínico. Es un problema que requiere un enfoque múltiple, y debe ser efectuado en servicios o centros de psiquiatría infantil, que cuenten con psicólogos y psicopedagogos. La conducta adecuada ante la consulta por trastorno escolar global consiste en examinar la dificultad propia de cada niño. Para ello:

1. Evaluar el trastorno de aprendizaje en relación a los antecedentes que tengamos acerca de la historia clínica y madurativa del niño.

2. Evaluar el estado neurológico y orientar, si procede, hacia la realización de estudio neurofisiológico (EEG, potenciales evocados).

3. Determinar el nivel de inteligencia y los factores que lo componen. Hay que hacer pruebas amplias, en exploración individual, para ver qué mecanismos el niño es capaz de poner en marcha y cuáles no. Los tests de inteligencia para aplicación individual, cuyo paradigma sería la escala de Wechsler, permiten además evaluar el lenguaje, aspectos psicomotrices, formación de conceptos y capacidad de concentración, así como las pautas de trabajo del niño.

4. Determinar el nivel de maduración en habilidades neuropsicológicas. Percepción psicomotricidad, lateralidad, organización del esquema corporal, etc., deben ser estudiadas. La elección de unas u otras dependerá del tipo de problema que presente el niño, y de su edad.

5. Evaluar el nivel psicopedagógico del niño, tanto en cuanto a habilidades instrumentales (lectura, cálculo, etc.) como a desarrollo de procesos lógicos y asunción de los objetivos propios de su nivel. Esta exploración, además, nos orienta hacia el tipo de educación escolar recibida por el niño, y nos permite detectar problemas dispedagógicos (es decir, los creados por incorrectas programaciones educativas). También es pertinente evaluar aquí sus hábitos de trabajo en general y las técnicas de estudio en particular, que pueden ser de capital importancia para explicar problemas de aprendizaje a partir de niveles donde es necesario "estudiar en casa" (5º, 6º y 7º EGB, BUP... etc.)

Si detectamos que el niño no posee asumidos los objetivos pedagógicos que corresponden al curso que está siguiendo (o los terminales del curso anterior), estaremos ante un problema dispedagógico.

En otras palabras: el niño ha pasado a un curso sin tener asumidos los objetivos del anterior, y ello le va a crear ineludiblemente dificultades de aprendizaje, especialmente en las materias más acumulativas (matemáticas, lenguaje). En niños que están en esas condiciones, lo más prudente es recomendar una asistencia individual que contemple los objetivos no asumidos de cursos anteriores. Debería hacerse de acuerdo con los maestros de su actual colegio, para evitar complicaciones.

6. Describir su personalidad, a partir de las entrevistas con los padres, cuestionarios de evaluación conductal, entrevistas con el niño, pruebas de personalidad (cuestionarios, pruebas objetivas, pruebas proyectivas), con especial atención a las áreas donde se detecte algún conflicto.

Ninguna exploración en niños con trastornos de aprendizaje debería hacerse sin descartar un síndrome depresivo. No va mal el empleo de escalas de evaluación para ser cumpli- mentadas por los maestros. Nos ofrecen una visión del comportamiento y la actitud del niño en la clase, así como de la actitud y capacidad del maestro para programar y monitori- zar su educación.

7. Integrar todos los datos en un diagnóstico operativo, que incluya el pronóstico.

8. Dictaminar las medidas necesarias para corregir o, en su caso, minimizar las alteraciones que han sido el motivo de consulta. Las tareas adecuadas para reducir y superar cada problema variarán con la naturaleza de éste. En bastantes casos se producen trastornos de aprendizaje en niños normales, aceptablemente bien escolarizados, y como consecuencia de unos malos hábitos de estudio. Ello aparece a partir de 6º EGB, que es cuando el niño va a enfrentarse con temas que requieren amplio trabajo en casa, debiendo programar las tareas y las horas de estudio. En muchos colegios no se les dan a los niños pautas a seguir o una metodología para el estudio.

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Trastorno por déficit de atención con hiperactividad
La hiperactividad y la falta de concentración se describen en la historia clínica. Tanto los padres como los maestros están de acuerdo en que el niño "es muy distraído", "no se concentra", "es muy movido", o "no para quieto".

Depresión infantil.
El comienzo del trastorno es más bien brusco, o, al menos, de instauración rápida. Aparece un trastorno de aprendizaje en un niño que antes había ido bien en sus estudios. Se acompaña de estado de ánimo depresivo o irritable. El niño se ve triste, inseguro, abstraído, ansioso. Le cuesta divertirse como antes, parece haber perdido interés en las cosas que antes le atraían.

Trastornos específicos de aprendizaje
Dislexia, discalculia, retraso psicomotriz

Trastornos funcionales del comportamiento.
Niño con escasas normas, inseguro, sin hábitos de trabajo, desinteresado por los estudios...

Trastornos dispedagógicos.
El niño no tiene asumidos los objetivos educativos propios del curso que está siguiendo, o los objetivos terminales del curso anterior. En otras palabras: le han pasado de curso sin que tenga la preparación suficiente para ello.

 

CONDUCTA A SEGUIR (TRASTORNOS DE APRENDIZAJE ESCOLAR)

1. Ante un trastorno global de aprendizaje evalúe, en primer término, la existencia o no de los procesos más frecuentes. Ver tabla 8.1.

2. La depresión y/o el déficit de atención pueden ser tratados por el pediatra (cf. los apartados correspondientes). Los trastornos específicos del desarrollo requieren acciones de pedagogía terapéutica, que deberían ser factibles en la misma escuela. Los trastornos dispedagógicos nos muestran que, de momento, algo ha ido mal en la planificación pedagógica. Requieren una acción desarrollada en el mismo colegio: programación individual, o bien la asistencia individual (tipo profesor particular) que centre su atención en los objetivos no asumidos.

3. Ante cualquier caso que no cumpla los criterios señalados, o donde se requiera una mayor profundidad, debe remitir el niño a un servicio o centro de Psiquiatría infantil, que cuente con psicólogos, psicopedagogos expertos en procesos educativos y logopedas.

Fuente:

http://www.drromeu.net/