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S.O.S. PSICOESTIMULANTES: Carta abierta a quien corresponda

 

Joaquín Díaz Atienza

boyEstimados Sres.:

Vengo asistiendo a la irresponsabilidad más grande vivida desde el inicio de mi ejercicio profesional. Moralmente, no puedo silenciarlo puesto que me haría cómplice de una situación que no comparto y que considero muy preocupante. Tarde o temprano, nuestros niños y niñas de hoy serán adultos del mañana y pagarán las consecuencias. Me refiero a la prescripción masiva de psicoestimulantes a niños que, en gran número de casos, no los necesitan.

Se ha puesto de moda pasar un cuestionario en Atención Primaria con una serie de preguntas con respuesta SI/NO y que recogen los criterios diagnósticos de DSM-IV para el diagnóstico del TDAH. Si las respuestas son afirmativas en la mayoría de los ítems se le diagnóstica de este trastorno y, seguidamente, se le prescribe medicación, en concreto psicoestimulantes o atomoxetina. Como en gran número de ellos las mejorías a corto plazo son evidentes, “se confirma” el diagnóstico olvidando, o ignorando, que esos cambios se producen en cualquier persona, tenga, o no, un TDAH. Me viene a la memoria los estudiantes que los han tomado durante los exámenes finales para mejorar su rendimiento sin que tuvieran ningún problema, a nos ser el hecho cierto de no haber estudiado lo suficiente. En esta espiral se suben algunos profesionales auto-diagnosticados retrospectivamente de TDAH (aunque nunca hayan trabajado en psiquiatría infantil) y que confiesan sin escrúpulos que fueron las anfetaminas las que le elevaron a los altares del prestigio profesional, transformándose en los nuevos profetas del consumismo psicofarmacológico . De aquí que no me extrañe que se diga: “déle el metilfenidato, si mejora es TDAH, si no, es otra cosa”, olvidando que los ensayos clínicos hablan de un fracaso terapéutico que ronda el 25 – 30% en niños con TDAH y sin comorbilidad.

El diagnóstico del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad requiere de una historia clínica completa incluyendo cuestionarios validados, por supuesto, pero no sólo, un cuestionario NO VALIDADO, algo que es lo que sucede habitualmente en Atención Primaria y en algunos ámbitos sanitarios especializados. Los cuestionarios no son suficientes para emitir un diagnóstico, máxime cuando existen una amplia variedad de problemas psicológicos y situaciones psicosociales que cursan con síntomas conductuales que simulan clínicamente un TDAH. Me refiero a síntomas de ansiedad, síntomas depresivos, condiciones familiares desfavorables, ámbitos escolares inapropiados… Por tanto, olvidamos, obviamos o desconocemos, que los cuestionarios son buenos instrumentos de screening, siempre que estén validados, pero no son suficientes para el diagnóstico. A este estado de cosas han contribuido, no solo la industria farmacéutica, sino también los profesionales que han encontrado una salida fácil para dar respuestas tranquilizadoras a unos padres que necesitan de una etiqueta externa que les haga “comprender” el por qué su hijo/hija es diferente, por qué presenta esos problemas de conducta, por qué ese bajo rendimiento académico. Y así ganamos todos:

    • La industria ampliando un mercado y sus ventas hasta cotas insospechadas.

    • La Administración Sanitaria que le resulta infinitamente más rentable la medicalización que proporcionar un tratamiento integral y suficiente.

    • Los profesionales con una salida fácil, tanto para el diagnóstico como para la respuesta “terapéutica”.

    • Las familias que encuentra la explicación a algo que les atormentaba y les culpabilizaba como padres.

Aquí solo pierden aquellos niños y niñas, cada vez más, que, sin tener el problema, se les diagnostica y trata mal y ganan aquellos, cada vez menos, que realmente necesitaban el tratamiento con psicoestimulantes.

Fuente:

http://paidopsiquiatria.com/?p=46